"algunas noches soy fácil..."
autor: babasonicos
tema:yegua
cd: anoche
viernes, 24 de julio de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
Diez consejos para escritores
1) No declame que escribir lo hace sufrir. En tal caso, abandone la escritura. Hay escritores de sobra, y en los últimos años, gracias al fundamentalismo islámico, tampoco faltan mártires. De modo que no precisamos de ninguna de sus dos condiciones.
2) Si no escribe para los lectores ni para la crítica, no publique. Envíele sus escritos por mail a su abuela.
¿Para qué molestar a correctores, diseñadores y editores, si a usted no le interesa salir de su casa?
En cualquier caso, no repita más que escribe sólo para usted mismo. Ya lo dijo Borges, y tampoco resultó verosímil.
3) No repita que la novela se ha agotado como género. Es su imaginación la que se ha agotado.
4) No continúe culpando al mercado, ni a los tiempos que corren, de que nadie quiera leerlo. A usted no lo leerían ni en una sociedad autoritaria que obligara a los niños a leer sus textos so pena de muerte.
Al menos, festeje el hecho de que, si bien no le prestan atención, tampoco lo mandan a matar.
5) No se queje de la única adaptación al cine que se ha hecho de su ignota obra. A nadie le ha importado su novela, pero mucho menos su opinión respecto de la película.
6) No insista con que los personajes se le aparecen en el toilette, en la cocina y en la cama. Todos sabemos que miente.
7) En lo posible, procure no llevar un diario íntimo.
Dicho implemento se ha convertido en un engañoso género literario. Si quiere publicar sus intimidades, hágalo deliberadamente; pero no obligue a sus herederos a sentirse culpables por revelar secretos que usted indudablemente registró para continuar siendo atendido después de muerto.
8) No declame que no le gusta escribir en computador.
Abomine de la tinta, esculpa las letras en piedra, deje su testimonio pintado con sangre de mamut en una caverna. Pero háganos un favor: no siga repitiendo que no le gusta escribir en computador.
9) Nos parece muy bien que abandone la escritura. Pero no lo anuncie. Hágalo directamente, en silencio.
10) No abandone a su esposa por una más joven luego de su primer éxito. Espere al menos a dos o tres éxitos, no sea cosa de que tenga que volver corriendo.
Marcelo Birmajer, escritor argentino
2) Si no escribe para los lectores ni para la crítica, no publique. Envíele sus escritos por mail a su abuela.
¿Para qué molestar a correctores, diseñadores y editores, si a usted no le interesa salir de su casa?
En cualquier caso, no repita más que escribe sólo para usted mismo. Ya lo dijo Borges, y tampoco resultó verosímil.
3) No repita que la novela se ha agotado como género. Es su imaginación la que se ha agotado.
4) No continúe culpando al mercado, ni a los tiempos que corren, de que nadie quiera leerlo. A usted no lo leerían ni en una sociedad autoritaria que obligara a los niños a leer sus textos so pena de muerte.
Al menos, festeje el hecho de que, si bien no le prestan atención, tampoco lo mandan a matar.
5) No se queje de la única adaptación al cine que se ha hecho de su ignota obra. A nadie le ha importado su novela, pero mucho menos su opinión respecto de la película.
6) No insista con que los personajes se le aparecen en el toilette, en la cocina y en la cama. Todos sabemos que miente.
7) En lo posible, procure no llevar un diario íntimo.
Dicho implemento se ha convertido en un engañoso género literario. Si quiere publicar sus intimidades, hágalo deliberadamente; pero no obligue a sus herederos a sentirse culpables por revelar secretos que usted indudablemente registró para continuar siendo atendido después de muerto.
8) No declame que no le gusta escribir en computador.
Abomine de la tinta, esculpa las letras en piedra, deje su testimonio pintado con sangre de mamut en una caverna. Pero háganos un favor: no siga repitiendo que no le gusta escribir en computador.
9) Nos parece muy bien que abandone la escritura. Pero no lo anuncie. Hágalo directamente, en silencio.
10) No abandone a su esposa por una más joven luego de su primer éxito. Espere al menos a dos o tres éxitos, no sea cosa de que tenga que volver corriendo.
Marcelo Birmajer, escritor argentino
lunes, 20 de julio de 2009
calzoncillos
De algún modo se las arregló para sacarme veinte dólares y los calzoncillos (cuando me dijo que me quitara los calzoncillos pensé, caramba, que tipo apasionado; pero no era más que una maniobra para birlármelos).
robado de: “Cartas de la Ayahuasca” William Burroughs correspondencia con Allen Ginsberg.
robado de: “Cartas de la Ayahuasca” William Burroughs correspondencia con Allen Ginsberg.
martes, 7 de julio de 2009
¿en que piensan las vacas?
“Consideremos en primer lugar a la vaca bretona: durante
todo el año solo piensa en pacer, su morro reluciente sube y
baja con una impresionante regularidad, y ningún
estremecimiento de angustia turba la patética mirada de sus
ojos castaño claro. Todo esto parece de muy buena ley, todo
esto parece incluso indicar una profunda unidad existencia,
una identidad envidiable por mas de un motivo entre su ser-en-
el-mundo y su ser-en-si. Pero ay, en este caso el filósofo
se pillara los dedos y sus conclusiones, aunque basadas en
una intuición justa y profunda, no serán válidas si antes no ha
tomado la precaución de documentarse con un naturalista. En
efecto, doble es la naturaleza de la vaca bretona.
En ciertos periodos del año (especificados precisamente por
el inexorable funcionamiento de la programación genética),
dentro de su ser se produce una asombrosa revolución. Sus
mugidos se acentúan, se prolongan, la misma textura
armónica se modifica hasta recordar a veces de un modo
pasmoso algunos quejidos que se les escapan a los hijos del
hombre. Sus movimientos se vuelven más rápidos, más
nerviosos, a veces la vaca emprende un trote corto. Hasta el
morro, que no obstante parecía, en su lustrosa regularidad,
concebido para reflejar la permanencia absoluta de una
sabiduría mineral, se contrae y se retuerce bajo el doloroso
efecto de un deseo ciertamente poderoso.
La clave del enigma es muy simple, y es esta: lo que desea
la vaca bretona (manifestando así, hay que hacerle justicia en
este aspecto, el único deseo de su vida) es, como dicen los
ganaderos en su cínica jerga, “que la llenen”. Así que la
llenan, más o menos directamente; en efecto, la jeringa de la
inseminación artificial puede, aunque al precio de ciertas
complicaciones emocionales, sustituir en estas lídes el pene
del toro. En ambos casos la vaca se calma y regresa a su
estado original de atenta meditación, con la excepción de que
unos meses mas tarde dará a luz un ternerito encantador.
Cosa que para el ganadero es puro beneficio, dicho sea de
paso.
Naturalmente el ganadero simbolizaba a Dios. Movido por
una simpatía irracional hacia la potranca le prometía en el
capitulo siguiente el eterno disfrute de numerosos sementales,
mientras que la vaca, culpable del pecado de orgullo, sería
condenada poco a poco a los tristes placeres de la
fecundación artificial. Los patéticos mugidos del bóvino no
eran capaces de ablandar la sentencia del Gran Arquitecto.
Una delegación de ovejas, formada por solidaridad, corría la
misma suerte. El Dios escenificado en esta breve fábula no
era, como se ve, un Dios misericordioso. "
extraído de Michel Houellebecq “Ampliación del campo de batalla”
todo el año solo piensa en pacer, su morro reluciente sube y
baja con una impresionante regularidad, y ningún
estremecimiento de angustia turba la patética mirada de sus
ojos castaño claro. Todo esto parece de muy buena ley, todo
esto parece incluso indicar una profunda unidad existencia,
una identidad envidiable por mas de un motivo entre su ser-en-
el-mundo y su ser-en-si. Pero ay, en este caso el filósofo
se pillara los dedos y sus conclusiones, aunque basadas en
una intuición justa y profunda, no serán válidas si antes no ha
tomado la precaución de documentarse con un naturalista. En
efecto, doble es la naturaleza de la vaca bretona.
En ciertos periodos del año (especificados precisamente por
el inexorable funcionamiento de la programación genética),
dentro de su ser se produce una asombrosa revolución. Sus
mugidos se acentúan, se prolongan, la misma textura
armónica se modifica hasta recordar a veces de un modo
pasmoso algunos quejidos que se les escapan a los hijos del
hombre. Sus movimientos se vuelven más rápidos, más
nerviosos, a veces la vaca emprende un trote corto. Hasta el
morro, que no obstante parecía, en su lustrosa regularidad,
concebido para reflejar la permanencia absoluta de una
sabiduría mineral, se contrae y se retuerce bajo el doloroso
efecto de un deseo ciertamente poderoso.
La clave del enigma es muy simple, y es esta: lo que desea
la vaca bretona (manifestando así, hay que hacerle justicia en
este aspecto, el único deseo de su vida) es, como dicen los
ganaderos en su cínica jerga, “que la llenen”. Así que la
llenan, más o menos directamente; en efecto, la jeringa de la
inseminación artificial puede, aunque al precio de ciertas
complicaciones emocionales, sustituir en estas lídes el pene
del toro. En ambos casos la vaca se calma y regresa a su
estado original de atenta meditación, con la excepción de que
unos meses mas tarde dará a luz un ternerito encantador.
Cosa que para el ganadero es puro beneficio, dicho sea de
paso.
Naturalmente el ganadero simbolizaba a Dios. Movido por
una simpatía irracional hacia la potranca le prometía en el
capitulo siguiente el eterno disfrute de numerosos sementales,
mientras que la vaca, culpable del pecado de orgullo, sería
condenada poco a poco a los tristes placeres de la
fecundación artificial. Los patéticos mugidos del bóvino no
eran capaces de ablandar la sentencia del Gran Arquitecto.
Una delegación de ovejas, formada por solidaridad, corría la
misma suerte. El Dios escenificado en esta breve fábula no
era, como se ve, un Dios misericordioso. "
extraído de Michel Houellebecq “Ampliación del campo de batalla”
viernes, 3 de julio de 2009
todos quieren lo mismo que vos...
“…Recordé en el acto, como no podía ser menos, a Susan Sarandon disfrazada de monja preguntándole a Sean Penn cómo podía pensar en follar si le quedaban pocos días de vida. El tono de Susan Sarandon, por descontado, es de reproche. No recuerdo, para variar, el título de la película, pero era una buena película, dirigida, creo, por Tim Robbins, que es un buen actor y tal vez un buen director pero que no ha estado jamás en el corredor de la muerte. Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así”.
(texto extraido de: Roberto Bolaño “Literatura + enfermedad = enfermedad”)
(texto extraido de: Roberto Bolaño “Literatura + enfermedad = enfermedad”)
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